Con el dedo enterrado en el botón que hace avanzar los canales, el zapping no daba respiro. Los programas pasaban y ninguno de los presentes tenía chance de llegar a interesarse por alguno. Sólo bastó con un grito del padre que dijera:
-Margarita, ¿Me haces el favor de dejar algo?
En ese instante, por casualidad o desgracia, el zapping cesó. La pantalla estaba ocupada casi en su totalidad por una persona. Un primer plano de un hombre de contextura grande y el pelo algo canoso. El personaje en cuestión era Hugo Moyano. No paraba de hablar. Que la política nacional de acá, que la política nacional de allá. No era muy claro, pero todos, menos Margarita, tenían cara de entender lo que decía. Se puso nerviosa, si había algo que odiaba en su vida era no poder comprender lo relacionado al “mundo de los grandes”. Aunque el padre siempre trata de evadir sus preguntas, tomó aire y lo interrogó:
-Papi, ¿Quién es este señor de la tele?
-No lo vas a entender. Es difícil de explicar.
-Dale explicame.
-Bueno, dame tu mano. Es como el cuento que te hace la abuela. Este, el dedo chiquito, es el que se encarga de ir a comprar los huevos. El segundo, el anular, es el que pone el aceite en la sartén. El medio, que es el tercero, prende el fuego. El cuarto, el índice, es el encargado de cocinarlo y, este último, el más gordito, que sería Moyano, es el que se lo come.

Me gusta mucho che!...Moyano come huevo!!
ResponderEliminarjajajajaja
Muy bien Juancito, pobre Moyano desde ahora el comehuevo jajajajajaja, no el hace huevo jajajajaja
ResponderEliminar